Eon of Obscenity: Stabbing desata su era más brutal.
El brutal death metal de Texas siempre ha tenido un filo particular: un sonido áspero, tóxico, casi infeccioso, moldeado por el mismo aire que vio nacer a Devourment, Frozen Soul y por supuesto los innovadores riffs de Pantera. En ese linaje aparece Stabbing, una banda que en apenas cinco años dejó de ser una promesa para convertirse en una fuerza que avanza a velocidades absurdas. Eon of Obscenity, su segundo álbum, confirma esa trayectoria con una claridad que no deja espacio para dudas.
La expectativa era alta, pero también el temor. Muchos seguidores —sobre todo los más puristas del brutal death— sintieron un sobresalto cuando se anunció su fichaje con Century Media, un sello grande, histórico y con estándares de producción que suelen empujar a las bandas hacia un sonido más accesible. El miedo era simple: ¿iba Stabbing a suavizar su brutalidad para encajar en la maquinaria del sello?
La respuesta llega en los primeros segundos del disco: no solo no bajaron la intensidad, sino que la llevaron a un nivel que roza lo inhumano. El temor se disipó de inmediato. Eon of Obscenity es BRUTAL.
La banda llega a este punto con un recorrido que impresiona. El guitarrista Marvin Ruiz se incorporó a Devourment, mientras que Bridget Lynch demostró su capacidad sobrehumana al reemplazar a Ricky Myers en una gira de Suffocation. Ese tipo de validación dentro del propio ecosistema del brutal death no es común, y se siente en cada riff, cada blast y cada frase vocal del álbum. La alineación actual —completada por Matt Day en el bajo y Aron Hetsko en la batería— funciona como una máquina perfectamente calibrada para destruir.
Musicalmente, el disco mantiene la esencia de sus trabajos previos (su EP Ravenous Psychotic Onslaught y Extirpated Mortal Process), pero con una evolución evidente: los riffs de Ruiz son más precisos y más violentos, la batería de Aron opera en BPMs que parecen imposibles, y Lynch se consolida como una de las voces más distintivas del género. Su rango gutural, su control y su capacidad para sostener patrones imposibles la colocan en un nivel que pocas vocalistas —o vocalistas en general— alcanzan. El invitado Ricky Myers (Suffocation) aporta un guiño y sonoro que refuerza la conexión de Stabbing con la élite del death metal extremo.
La producción, a cargo de Christian Donaldson (Cryptopsy), aporta claridad sin sacrificar crudeza. Es un sonido que respira brutalidad, pero con la nitidez suficiente para que cada golpe y cada fraseo se entiendan dentro del caos.
El apartado visual merece mención aparte. La portada fue realizada por el artista digital indonesio Rudi Gorgingsuicide, conocido en la escena por su estética grotesca, saturada y profundamente visceral. Su estilo combina texturas digitales hiperrealistas con composiciones que evocan el horror corporal y la descomposición, un enfoque que encaja de manera natural con el universo sonoro de Stabbing. Gorgingsuicide ha trabajado con bandas del espectro extremo asiático y europeo, y su presencia aquí refuerza la identidad visual de la banda: directa, sangrienta y sin concesiones.
Eon of Obscenity mantiene a Stabbing en el nivel más alto del brutal death. El disco muestra una banda enfocada, precisa y con una intensidad que no afloja en ningún momento. Cada tema confirma el crecimiento del grupo y la solidez de su identidad sonora. Es un trabajo que avanza con fuerza y deja claro por qué hoy ocupan un lugar central dentro del género.
Para los fans que temían que Century Media limara los bordes más filosos de la banda, este lanzamiento es una respuesta contundente. Stabbing mantuvo su esencia por el Brutal Death Metal.

























