Kamelot, presenta su álbum “Dark Asylum”, un viaje que comienza en el corazón de la oscuridad y continúa en busca de luz.
Kamelot no necesita presentación, es una de las bandas que han dominado la escena musical del power metal y el metal sinfónico durante los treinta años desde su debut. Retomar el sonido característico de hace años, incluso décadas, es una tarea compleja y difícil de lograr con éxito. Sin embargo, esto es precisamente lo que Kamelot ha conseguido con el pasar de los años. Su próximo decimocuarto álbum de estudio tiene ese toque alejo que les hace regresar un poco a sus raíces, Kamelot presenta el sombrío y gótico “Dark Asylum”. Del sello Napalm Records. Aunque están lejos de reinventar la rueda, la banda redefine su fuerza, y al hacerlo, demuestran una vez más por qué son una fuerza a tener en cuenta en la escena del metal internacional.
Kamelot puede combinar lo melódico con una narración cautivadora como pocos, en gran parte gracias a la inclinación de Tommy Karevik por el canto emotivo, en “Dark Asylum” suena más liberado de la tipica fórmula de la banda, y por lo tanto aporta más textura y matices a su voz, lo que a su vez beneficia a todo el álbum. La atmosférica introducción “Sanctorium” prepara el escenario para lo que está por venir con una atmósfera inquietante y voces perturbadoras que narran la historia del Asilo RavenHill. Los siguientes tres temas “Ashen World”, “Dark Asylum” y “Sanctuary” pueden convertirse en temas que el público cante con euforia en próximos conciertos, la energía que transmiten es contagiosa en especial “Sanctuary”, con la colaboración de lujo de Clémentine Delauney (Visions of Atlantis) e Ignacia Fernández (Decessus). Después de un breve respiro ofrecido por el interludio “Nocte Veritas” llega “One Last Masquerade ”, donde Tobias Sammet actúa como uno de los residentes del manicomio y cuenta su historia sobre un fondo de riffs feroces, acompañado orquestaciones que dan una atmósfera dramática y oscura. En este punto del álbum da paso a “Ivy, My Dear”, una balada conmovedora donde la guitarra acústica y la percusión sutil se mezclan con la emotiva interpretación de Tommy Karevik para hacerla el momento más introspectivo del álbum. Hacia la parte final del álbum, temas como “The Sleeping Mind (Orphic Paradigm)”, “Kaleidoscope” y “Cassandra’s Disease” desarrollan aún más el álbum, impulsados por potentes secciones rítmicas, atmósferas sombrías, un trabajo de guitarra contundente y líneas vocales poderosas que suben el nivel artístico de “Dark Asylum”. El outro orquestal “Sanctum Requiem” cierra nuestra visita a RavenHill Asylum de forma dramática con piano y orquestaciones exuberantes.
Kamelot ofrece un impresionante viaje introspectivo en “Dark Asylum”, donde el autodescubrimiento, la aceptación, la memoria fragmentada y las inevitables luchas internas de la experiencia humana son fundamentales para la historia. En consecuencia, el álbum es más enfocado y coherente, guiando a los oyentes por este camino de sanación y de encontrar la fuerza interior para afrontar esta difícil existencia.
Simón F Carrillo




























